Ignacio Muñoz: «El mejillón gallego es una de nuestras puntas de lanza para convertirnos en una multinacional»

El director general de Angulas Aguinaga sitúa a su nueva fábrica cambadesa, la ya antigua Mariscos Linamar, en el epicentro del plan estratégico diseñado por el grupo vasco con vistas al 2025. Una hoja de ruta en la que la presidenta del Consello Regulador Mexillón de Galicia, Lina Solla, tiene reservado un notable papel y en la que Muñoz no descarta nuevas compras en Galicia.

El día 1 Mariscos Linamar, la empresa cambadesa de transformación de mejillón fundada en 1998 por la actual presidenta del Consello Regulador Mexillón de Galicia, Lina Solla, pasaba a formar parte del grupo Angulas Aguinaga, con sede en Irura (Guipúzcoa) y el fondo de capital francés PAI Partners su accionista mayoritario. Entre manos, una relación que arrancó en el 2014 con la adquisición por Aguinaga del 50 % de una de las firmas que más han apostado por la innovación y la mejora del valor añadido del mejillón en Galicia. De visita en Cambados, hablamos con el director general de Angulas Aguinaga, Ignacio Muñoz, del encaje y la importancia de la factoría arousana en el plan del grupo para erigirse en multinacional duplicando en seis años su facturación hasta los 450 millones de euros en 2025. Muñoz abre la posibilidad de seguir creciendo por la vía de la compra en Galicia y del papel fundamental de la familia Solla en la nueva matriz de Mariscos Linamar.

—Para quien no conozca al grupo Angulas Aguinaga, ¿qué es hoy en grandes números?

—El 2020 terminamos con 250 millones de facturación y crecimos en facturación el año pasado. Exportamos un 36 % de nuestras ventas. Tenemos fábricas en Galicia, Burgos, Palencia, Irura (sede del grupo, en la provincia de Guipúzcoa), Barcelona y una en Milán, de productos marinados. En cuanto a las familias de producto, tenemos surimi, mejillones, salmón, pulpo, untables… tenemos un rango de producto bastante amplio. Desde el punto de vista de marcas, aunque tenemos muchas, las más conocidas son La Gula del Norte, Krissia y Aguinamar. Y somos unos 800 trabajadores.

—¿Qué llevó en 2014 a una firma como Aguinaga a fijarse en una pequeña empresa como Linamar y por qué decidió incorporarla ahora a su patrimonio y estructura?

—Nos fijamos por dos razones fundamentales. Desde un primer momento vimos que Mariscos Linamar compartía unos valores muy parecidos a los nuestros en la innovación y la calidad. Y eso es superimportante en las relaciones entre empresas, que haya feeling, en el sentido de tener los mismos principios y valores. Y por otra parte, Angulas Aguinaga quiere ser una multinacional de la alimentación, y para serlo necesita centrarse en aquellos productos que tengan más potencial. Uno de esos productos es claramente el mejillón, y para trabajar con él no encontramos mejor partner que Linamar.

—Habla de apuesta común por la innovación. ¿Qué papel juega la factoría arousana en Aguinaga y su plan estratégico para doblar su facturación del 2020 en el 2025?

—Angulas Aguinaga es una empresa que invierte tres veces más que la media del sector en I+D. Linamar fue la primera en vender mejillón en atmósfera. Parte de mi visita a Cambados esta semana fue para revisar los proyectos en innovación que tenemos en marcha, en combinación con gente que está aquí y la de nuestros laboratorios centrales de I+D. El I+D del mejillón es una parte fundamental para nosotros. Una de nuestras puntas de lanza para convertirnos en una multinacional es el mejillón gallego, el único que trabajamos. Estamos hablando de muchos proyectos a largo plazo, de mejoras de todo el proceso del mejillón. Hay tecnologías, sin contar cuáles, que están viajando de Galicia a otras fábricas de Angulas Aguinaga y a la inversa. Es una de las ventajas de formar parte de un grupo.

—En abril del año pasado informó al Concello de Cambados de la intención de Aguinaga de invertir en la fábrica arousana 28 millones de euros y aumentar su plantilla en unos 200 empleados. ¿Cuáles son los parámetros del plan estratégico para Linamar?

—Nuestro compromiso es exactamente el mismo que trasladamos al Ayuntamiento entonces. El mejillón gallego sigue siendo uno de los pilares de crecimiento para Angulas Aguinaga, tanto en España como a nivel internacional. Es un producto que viaja muy bien. Y nosotros, que estamos aquí, sabemos que el mejillón gallego es de los mejores. A lo mejor la burocracia no siempre nos ayuda y los permisos para la ampliación no van todo lo rápido que nos gustaría, pero el compromiso de hacer que Galicia sea para nosotros un hub en el que invirtamos en mejillón y otros productos es el mismo. Más allá del mejillón, en Galicia hay mucho conocimiento sobre el mundo del pescado y eso atrae más conocimiento y facilita muchas cosas. Este es un muy buen sitio para crecer.

—Abre la posibilidad de ampliar la gama de productos en Cambados. ¿En cuáles están pensando?

—Pueden ser productos de la gama que trabajamos en el grupo y otros que no están en ella.

¿En qué estadio se encuentra el proyecto de ampliación de la factoría arousana?

—Estamos trabajando sobre todo la parte de permisos, que esa es la que, insisto, no va todo lo rápido que nos gustaría. Básicamente, nosotros tenemos que expandir físicamente la fábrica, y para eso necesitamos permisos para los terrenos de alrededor, y aquí no falta una sola institución, Portos, que es Xunta, Ayuntamiento… Muchas veces cuando se habla del arraigo de las empresas, el arraigo es mucho más sencillo. Es facilitar a las empresas que puedan invertir, que puedan crecer, y hay veces en las que la burocracia no ayuda. Alguien se pregunta por qué no está esta empresa aquí, pues a lo mejor porque no ha podido hacer lo que quería hacer. No estoy diciendo que nosotros estemos en ese caso, pero es verdad que las cosas de palacio van despacio y esas son las cosas que a las empresas muchas veces no les ayudan.

—En este contexto, ¿tienen algún horizonte temporal para acometer la ampliación de su fábrica de mejillón?

—El plan de lo que queremos hacer lo tenemos. Hay cosas que podemos hacer ya con el espacio que tenemos, vacío o no techado; evidentemente esas son las menos. Pero para seguir creciendo y ampliando necesitamos tirar de espacio que tenemos a nuestro lado. Estamos hablando de duplicar la superficie de la fábrica y traer más familias de productos.

—Desde la entrada como socio mayoritario de PAI Partners, Aguinaga vive en el último año un rápido y voluminoso proceso de crecimiento a través de compra de empresas en España e Italia. ¿Tienen en cola alguna otra operación en Galicia?

—Tenemos un plan estratégico y entendemos que para cumplirlo y convertirnos en una multinacional de la alimentación tenemos dos formas de crecer: orgánicamente e inorgánicamente. Cuando la inorgánica nos ayude a acelerar ese crecimiento con una buena opción, la miraremos.

—Vamos, que no descartan más compras en Galicia…

—No. Ni en Galicia ni en ningún sitio. Miramos lo que más ayude a acelerar nuestro plan estratégico.

—¿Qué papel aguarda ahora a la familia Solla en la antigua Linamar?

—Mariscos Linamar como sociedad ya no existe, pero para nosotros lo importante no es la sociedad, es su gente, la cadena de valor. La familia Solla mantiene el mismo papel que tenía hasta ahora, o más. Lina y Dori —su hija— son dos personas fundamentales en Angulas Aguinaga. Ellas son ahora accionistas y parte de la familia de Angulas Aguinaga. Dori es la responsable de la fábrica y Lina tiene un doble papel, en la parte de compra y un rol más institucional, que es todo lo que ella aporta a elevar el valor del sector del mejillón, desde Angulas Aguinaga y desde su puesto de presidenta del Consello Regulador.

—Al margen de una participación minoritaria de la familia fundadora, Azpiroz, Angulas Aguinaga es propiedad de dos fondos de capital, el español Portobello y el francés PAI Partners, este último accionista mayoritario. Hay gente a la que le cuesta asociar fondo de capital e inversión de largo recorrido en empresas de economía física. ¿Qué les diría a quienes pudieran guardar reservas sobre el anuncio de grandes inversiones en Linamar? 

—Para lo importante es sobre todo la estabilidad del accionariado. Los fondos muchas veces tienen mala fama. Pero la realidad es que Angulas Aguinaga lleva participada por un fondo, Portobello, desde 2006; son muchos años. Yo solo puedo hablar de mi experiencia, tanto con Portobello como con PAI, y mi experiencia es muy, muy buena. Evidentemente, los fondos lo que te piden es cómo podemos rentabilizar la inversión que hacen y qué necesitamos para ello, cómo podemos crecer, qué inversiones hay que hacer… Y yo solo puedo hablar muy bien de los dos fondos en nuestro accionariado. Te chinchan un poco en positivo para crecer más e ir más allá, que yo creo que es lo que todo el mundo le tiene que pedir a su dinero, y siempre con unos principios y unos valores muy claros. Esto en ningún caso va de hacer el cabra. Por eso digo que el anclaje de las empresas muchas veces no va de quién es el accionista, va de lo fácil que es invertir en un sitio. Y si en un sitio es difícil invertir, porque no hay talento, porque no hay infraestructura, porque no hay… da igual quién sea el dueño. Y luego, lo que toca a las administraciones es ayudar a esas empresas a que puedan crecer, a que puedan añadir valor… Eso les va a requerir a las empresas invertir y contratar a más gente, que a su vez va a generar más valor, va a generar más infraestructura. Yo creo que se confunde mucho quién es el dueño con el anclaje. Para mí son cosas completamente diferentes.

Fuente: La Voz de Galicia

Alianza Linamar-Aguinaga prevé crear 200 empleos en Cambados

La empresa presentó al gobierno local su proyecto de inversión hasta 2025
La alcaldesa de Cambados, Fátima Abal (PSOE) y el concejal de Economía, Xurxo Charlín (Somos), acudieron en la tarde de este miércoles a las instalaciones que LinamarAngulas Aguinaga tienen en el puerto de Tragove. Iban preparados para mantener una reunión de trabajo. Lo que no sabían era que iban a salir de esa cita con grandes noticias: según traslada Xurxo Charlín, la empresa ha diseñado un ambicioso plan de negocio en virtud del cual el centro de trabajo que tiene en Cambados dará un buen estirón, tanto en instalaciones como en empleo. La intención trasladada a la corporación es la de triplicar la plantilla, que pasaría de los cien operarios actuales a trescientos en el plazo de unos pocos años.

El concejal explicaba que al encuentro había asistido Ignacio Muñoz, el Director General de Angulas Aguinaga, una empresa que en 2019 facturó un total de 220 millones de euros. Ese gigante del sector de la alimentación quiere dar un nuevo giro a su actividad, y para ello han diseñado un plan de expansión que, según lo trasladado al gobierno de Cambados, supondrá la inversión en esta localidad de alrededor de 28 millones de euros en el horizonte del 2025. La intención es ampliar y adaptar las instalaciones de Tragove para ahondar en la producción de platos elaborados, un segmento de actividad que no para de ganar cuota de mercado.

La reunión mantenidas este miércoles fue un encuentro de trabajo: los representantes de la empresa, además de trasladar sus planes al Concello de Cambados, plantearon también a esta Administración algunos de sus temores. Y es que no quieren que la lentitud burocrática pueda lastrar los planes que tienen trazados sobre el papel. «A súa intención é iniciar as obras dentro deste ano», explicaba ayer Xurxo Charlín.

Como quiera que el plan de usos del puerto está sobre la mesa, el Concello trasladó a la empresa que cualquier proyecto que pretendan desarrollar deberá, si quiere esquivar problemas y demoras, adaptarse tanto a las normas que actualmente están en vigor, como a las futuras. En todo caso, los representantes del Concello de Cambados trasladaron a la firma su compromiso de «facer todo o que estea na nosa man para facilitarlle as cousas as empresas que queren crear emprego no noso municipio. É un dos nosos sinais de identidade», dijo Charlín.

Fuente: La Voz de Galicia

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

En Linamar apostamos por la innovación y esto es posible gracias a mujeres que apuestan por la ciencia ????
Hoy 11 de febrero celebramos el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, queremos más mujeres en este campo, queremos dar visibilidad, luchar por la igualdad y reivindicar el acceso de las niñas y mujeres en la ciencia.
En la foto María Fariña, del departamento de Calidad de LINAMAR.

La revista Condé Nast Traveler nos emociona

Una vez más la revista Condé Nast Traveler nos emociona con sus palabras sobre nuestro oro, el mejillón de todos los gallegos que con orgullo y trabajo estamos consiguiendo ponerlo en el lugar que se merece en el mundo ????

Por qué adorar al mejillón gallego

¿De dónde viene este ‘aspirador natural’? Apunta esta palabra: batea. Y ahora, ¡viajemos a Galicia!

Por qué adorar al mejillón gallego

Son aspiradoras naturales. Filtran hasta 25 litros de agua al día. Proteína, sabor terroso y bajo precio. Lo tiene todo. La industria conservera gallega lo exporta a todo el mundo, pero se crían en un único lugar: en las bateas, estructuras de madera que flotan en las rías.

Son criados entre algodones. Los mejillones gallegos son envueltos sobre un cabo con malla de algodón, y se cuelgan en las bateas para que crezcan. En doce días la malla se desprende y el mejillón echa raíces en el cabo. Riscos, lapas y craca es lo que suele pegarse a la concha de este bivalvo cuando se cría en las rías gallegas. Como el salitre del batir de las olas contra el casco del barco a primera hora de la mañana. Pasamos una jornada de trabajo con bateeiros gallegos.

Una batea sobre las rías gallegas
Una batea sobre las Rías Gallegas / © Rober Amado

Lo de vivir entre algodones no era tanto una metáfora. Los mejillones cría se juntan a una cuerda, un cabo, y se envuelven con una malla de algodón para sujetarlos y que echen raíces. En el proceso de encordado, se colocan palos de plástico entre el cabo para que las piñas de mejillones no se caigan, que antes se hacían de forma artesanal y de madera por los propios bateeiros.

Son bivalvos que crecen rápido en las rías gallegas, así que es obligado tratarlos bien y echarles un cable de vez en cuando. Crecen tanto y tan rápido -unos seis meses- que el peso de los mejillones puede provocar que se desprendan de la cuerda, así que hay que hacer un desdoble: se recogen de nuevo mediante una grúa, ya que estos cabos suelen pesar lo suyo; se limpia el cabo, se escoge el tamaño y los más grandes vuelven a la cuerda. Y ahí se quedan un año hasta que alcanza su tamaño óptimo, que suele estar entre 7 y 10 cm.

El mejillón, caído del cielo
El mejillón, caído del cielo / © Rober Amado

El punto que nos hemos saltado es el primero y el más evidente. ¿De dónde viene? La semilla, -la mejilla- el mejillón bebé se obtiene de las rocas, aunque también hay cuerdas colectoras. Es la parte más espectacular -y de la única que no tenemos fotografías- porque son submarinistas profesionales que recorren la costa de diciembre a abril para recogerlos. Y ya sabemos qué pasa ahí abajo. Tonos azules y turquesas, fauna y flora por doquier, y ese contraste con la luz blanca de un día que apenas tiene nubes. Y silencio. Aquel que haya echo submarinismo y sepa apreciar la belleza de la mar lo entenderá.

Los bateeiros y bateeiras emplean jornadas de trabajo de ocho horas para cuidar a este bivalvo. Hay que ir a buscarlo, colocarlo en cabos, vigilar cómo crece y se alimenta, colocarlos de nuevo cuando ya son grandecitos y que no se rompa la cuerda, limpiarlos, recogerlos y seleccionarlos. Además hay que mantener cuidado el barco y las bateas.

Las bateas son estructuras de madera flotantes que permanecen ancladas al suelo marino en lugares estratégicos de las rías gallegas. Lo hacen a través de un muerto, que es un bloque de hormigón anclado a unas cadenas, para que la estructura no cambie de lugar. Lugares únicos en el mundo en donde el marisco y los bivalvos crecen de forma natural en cabos amarrados a la estructura. Estos tienen dos partes, como un iceberg: la parte que se ve, que aguanta el sol se llama rabiza, y es de diferente material que la que está en contacto con el agua.

Una batea, vista desde el barco
Una batea, vista desde el barco / © Rober Amado

La limpieza y renovación de las aguas en las rías gallegas y el sistema de bateas produce en Galicia unas 255.000 toneladas de este bivalvo, que se venden, en su mayoría, a cocederos que los cocinan para envasar y comerciar. Y a exportaciones al resto del mundo. Aunque la carne de un mejillón grande está muy cotizada, lo más demandado son tamaños pequeños y medianos, más fáciles de transportar, envasar y consumir, ya que esa intensidad de sabor sigue siendo la misma.

Llevamos comiéndolo unos 6.500 años -ahí es nada-. Aunque es un animal que lleva eones en este planeta, en la península ibérica se encontraron restos de su consumo en instrumentos de pesca encontrados en la Cueva de los Mejillones en Belones (Cabo de Palos, Cartagena). Incluso los empleaban para decorar. En la historia moderna, y a diferencia de otros mariscos, el mejillón sí gozó de buena reputación. Ya en el siglo XVIII, el Regidor de Santiago de Compostela, José Cornide de Saavedra, decía del mejillón que “su carne después de la de la ostra es la mejor”.

Bateeira juntando mejillones
Los mejillones cría se juntan a un cabo y se envuelven con una malla de algodón para sujetarlos y que echen raíces / © Rober Amado

La industria conservera no tardó en ver este producto como un aliado. Lo de meter cosas dentro de latas para su conservación nació, cómo no, de un naufragio. Fue en 1840 cuando un velero francés cayó en las costas de Fisterra, cargado de envases de vidrio tapados con corcho. Aunque la conservación en salazón o el ahumado ya existía, al año ya había empresas afincadas en la zona que preparaban envases cerrados herméticamente que eran calentados a altas temperaturas. Hoy hay más de un centenar de empresas en todo el país, de las cuales casi siete decenas se hallan en Galicia y suponen el 85% de la producción nacional de conservas de pescado.

Este sistema lo crea en 1812 Nicolás Appert, un inventor francés, ante la llamada de Napoleón de conseguir un método que permitiera llevar comida en buen estado a las tropas francesas del frente. Y el inglés Peter Durand se huele el invento y lo prueba con una lata. Otros dos ingleses -John Hall y Bryan Donkin- trabajaron la lata para optimizarla y hacer su producción en masa. Y otros dos ingleses más -Thomas Kensett y su suegro, Ezra Daggelt- emigraron a Estados Unidos con la idea de montar un negocio similar. En 1825 fue presentada su patente de preservación de alimentos en vasija de hojalata. El resto, como os podéis imaginar, es historia.

El trabajo sobre las pasarelas de la batea
El trabajo sobre las pasarelas de la batea / © Rober Amado

Con las bateas pasa un poco lo mismo. Empezaron en Cataluña y se extendieron por todo el Mediterráneo, pero las mejilloneras acabaron teniendo dificultades para abastecerse de semilla y las ampliaciones de las instalaciones portuarias terminaron por expulsar a los mejilloneros. Eso añadido al efecto de empeorar la calidad de las aguas condujo a que, por ejemplo, en Tarragona hubiese 38 bateas en 1940 y 40 años después no quedase ni una sola registrada. Para comparar, hoy en día, en Galicia hay registradas más de 3.300 bateas. La mayoría están en la ría de Arousa.

En Galicia, la primera batea fue la del puerto de Vilagarcía de Arousa, junto al dique de Ferrazo. Fue la última intentona de Alfonso Ozores Saavedra, que llevaba tiempo intentando criar mejillones en estacas, pero la cosa no le salía. Cuando se instalaron en la ciudad de Vigo, observaron que el mejillón tardaba en crecer ocho meses mientras que en Barcelona lo hacía en dos años. Y aquí se quedaron.

Hoy es ya producto gourmet y tiene su propio sello de Denominación de Origen Protegida. Además de las conocidas conservas que se consumen a diario, el sector propone productos de calidad superior diseñados para el paladar exigente. Algunos ejemplos, como el mejillón de dos años de cultivo de la empresa Ramón Franco, está hecho para sibaritas. La mejor marca de la pasada campaña era un mejillón de 75 gramos, que cubría por entero una mano adulta.

Barco, bateas, Galicia
Rutina en el barco rumbo a las bateas / © Rober Amado

Otras, como las conservas Cambados o Cortizo, La Brújula, Ramón Peña, La Pureza o Los Peperetes tienen en su catálogo mejillón gourmet. Hasta un restaurante asturiano, el Güeyu Mar de Ribadesella, tiene su propia línea de conservas donde tienen mejillones a la brasa.

Si preferís la línea económica, probad los mejillones en salsa de vieira de Calvo. Son menos de 3 euros y han salvado la dieta de muchos estudiantes.